Manos

Frágiles…
Como un ramillete de flores a punto de saludar un caluroso verano.
Fuertes…
Como la semilla que brota de la tierra fértil para dar su fruto.
Manos adornadas con líneas que cuentan historias.
Con arrugas alimentadas de trabajo, dolor y sufrimiento.
Pero a la vez tersas y llenas de ternura.
Cuántas veces habrán aliviado las lágrimas de alguien, para convertirlas en gotas de luz y esperanza.
Yo no quiero secar lágrimas con las mías.
Yo quiero que las mías acaricien la piel de quien duerme conmigo cada noche.
Que se ensucien de harina y mermelada una tarde de domingo.
Quiero tenderlas a quien las necesite.
Quiero agarrar toda la vida las manos de mi heredera y tener las suyas el día que me marche.
Quiero sentir el agua que corre por el río y beberla de manantiales que brotan de las montañas.
Quiero abrazar a otras manos que abracen.
Arrancar del árbol una fruta madura.
Acariciar a quien cada día me regala una fiesta cuando llego a casa.
Quiero preparar manjares y compartirlos con la gente que quiero.
Celebrar con aplausos, victorias que empezaron siendo sueños.
Quiero regarlas con perfumes que recuerden lugares.
Quiero sentir en ellas el calor de una taza de café, a los pies de una chimenea.
Entrelazarlas, con quien un día me entregó su alianza y no soltarlas nunca.
Quiero que escriban, como hoy, pensamientos locos por salir y plasmarlos en hojas con hambre de letras.
Quiero que cuenten historias bonitas y llenas de amor.
Pero cuando mis manos, cuenten historias que derramen lágrimas, espero tener otras manos que las recojan, que acaricien mi rostro y me digan con ternura y sin hablar, que todo va a salir bien.

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