Mala hierba

La mala hierba se adueñó de nuestra chacra.

El silencio atronador envejeció los soportes,

los cimientos eran firmes

y se tambaleó lo construido.

La distancia aisló el querer

ocultando su voz

entre murmullo de olas.

El tiempo, inexorablemente,

arrugó lo que nunca debió acartonarse**.**

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