No hubo sino luz tras tanta noche
y, finalmente
aquellos vasos vacíos se llenaron
el vino derramado como ofrenda en los manteles
la risa reinando el reino de las conversaciones
y algunos corazones que latían con más prisa
como si fueran
a perder el autobús de la dicha
o el pasaje en primera hacia otro corazón taquicárdico
anegado de pulso
de rojo cardenalicio
de venas henchidas como globos de helio
a punto de salir disparados hacia lo alto
Tú allí y yo aquí
separados apenas por la distancia de una mesa
imagino brazos de gigante que pudieran alcanzarte
o mejor aún, un poder telequinésico
que te acercara
para leernos en los ojos
para escucharnos en los labios
y susurrar en la quietud
que nos otorga
este momento agitado
del que no formamos parte
yo aquí, tu allí
separados apenas por la distancia de una mesa
ente el bullicio de tanto corazón desesperado
en este día de hoy
a veinticinco
de diciembre
de dos mil veinte
“yo aquí, tu allí
separados apenas por la distancia de una mesa
ente el bullicio de tanto corazón desesperado
en este día de hoy
a veinticinco
de diciembre
de dos mil veinte”