Luciérnagas en el día

Ayer no existe.
Puedo recordarlo, pero no escucharlo.
Mañana tampoco existe.
Puedo imaginarlo, pero no tocarlo.
Sin embargo, paso buena parte de mi vida entre ambos lugares, como si fueran habitaciones reales.
He descubierto que la memoria es una artesana paciente. Toma los hechos y los modifica. Pule unos, borra otros, inventa algunos más. A veces me devuelve una herida; otras veces, una luciérnaga.
Quizá por eso me cuesta habitar el instante.
Camino pensando en lo que perdí o en lo que podría perder, mientras el presente pasa frente a mí con la discreción de quien no quiere interrumpir.
No sé si existe la muerte.
No sé si existe eso que llamamos divinidad.
Pero sé que muchas veces he sido mi propio juez, mi propio verdugo.
Y también sé que las pocas veces en que he logrado permanecer aquí, en este momento irrepetible, el mundo ha parecido más amplio y menos hostil.
Tal vez la luciérnaga siempre estuvo encendida.
Tal vez fui yo quien miraba hacia otra parte.

4 Me gusta