Los piadosos asesinos

Cuando las pupilas
se dilaten de amaneceres
y tus manos de espuma
acaricien mares de cebolla,
cuyas mareas confunden el llanto
condenan a los pájaros a rodear tu cuello
y te desnudan en transparencias.

Cuando las calles asfixien las hojas
bajo las cuales habita un navío perdido
y como dos desconocidos embarcamos
hacia una isla de escamas
donde los peces se rinden en silencio.

Cuando en medio del tránsito
atravesemos la calle
hasta alcanzar la otra orilla
de un mar que nos confina
extrañando las dimensiones
donde el viento desnuda la mirada
y los aposentos se vuelven árboles
cuyas estaciones se trastornan
hasta convertirse en confusas mezclas
de naufragios y tesoros inesperados.

Cuando el milagro de la flor
regrese al jardín donde lo absurdo
cobra sentido y valgan la pena
los latidos sordos de antiguos campanarios
tañendo desde la memoria.

Cuando todo eso reunido
devuelva las sombras a su sitio,
sabremos que habrán llegado
los piadosos asesinos del otoño.

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