Fría como un cadáver
estaba la habitación,
nuestros cuerpos tendidos en la cama,
el lenguaje del silencio
quebrantado por la lluvia
que parecía no acabar nunca.
Te cansaste,
de esperar el amainar de la lluvia,
el sonido de la puerta cerrarse
golpearía algo más que la madera,
el frío helaría mi corazón,
observándote a través de la ventana
sigues caminando bajo la lluvia
no te detienes
y mis lágrimas tampoco.
Se instala tan profundamente que te vuelves hielo, frío y soledad. Es un honor para mí que me llames poeta, me hiciste sentir fenomenal, muchas gracias, Minada. Bendiciones para ti.