Leo en tu mirada
la sutil cautela
de esos miedos tuyos
que roen las dudas
creando desasosiegos
y en tus labios
el escalofrió se escenifica
ante el inconsciente
deseo de mis dedos
por acariciar torpemente
con delicada dulzura
los valles de tu cuerpo
desde el acantilado de un delirio
donde mi perfil brilla
con los rayos de una pasión
que los postrados movimientos del deseo
han dejado en el aroma del instante
de dos cuerpos extenuados
que se acomodan en su confiar
con la música de sus susurros
abrazados a la caricia
de ese instante
donde recuerdo y olvido
no existe,
donde oler tu cuerpo
es la blanca playa
de mi reposo.
Pippo Bunorrotri.