Las vidas alternas

Las vidas alternas son todas las que he vivido, viví, vivo, estoy viviendo y viviré. Pues parte de mí sigue en este mundo y, la otra, la más importante vive en algún rincón visible de mi mente. Son ideas que van y vuelven, surgen y desaparecen, tan patentes que a veces me hacen olvidar aquello que tengo justo delante.

Vosotros también las vivís. Es probable que os refiráis a ellas como ensoñaciones o delirios. Soy consciente de que no debería obsesionarme y, sin embargo, a veces pienso que son todo lo que tengo, porque el único lugar en que no me gusta tener los pies es en el suelo.

Quizá aquella mañana, cuando iba camino del instituto cruzando Alameda Urquijo intersección Gregorio de la Revilla con el Yo, minoría absoluta de Extremoduro sonando a tope en mi discman. En aquel preciso momento en que me decidí a pasar al otro lado de la calle sin ver que un autobús venía decidido hacia mí, es probable que no le diera tiempo de frenar al conductor, ni de pegarme luego un grito. Es probable que me aplastase y muriese en aquel mismo instan-te. Tal vez piense que estoy vivo, pero en realidad no lo estoy y sólo soy un fantasma capaz de engañar a los demás y a mí mismo haciéndonos creer a todos que estoy vivo y que todavía tengo la opción de decidir por mí mismo.

Puede, también, que, en algún momento hiciera un pacto con el diablo consistente en entregarle mi alma a cambio de volver a nacer, pero recordando todo lo que me ha pasado hasta ahora. Puede ser que aquellas veces en que pienso que debería haber sido más valiente y actuado de otra manera, puede que lo esté haciendo de verdad, en algún otro universo que sólo me es parcialmente visible y donde mi vida ha tomado un camino totalmente diferente.

Puede que todas esas vidas alternas sean ciertas, que sea un agente del servicio secreto o que me haya escapado con ella a San Francisco, California para no volver. No lo sé, os juro que no. No sé si todo sucede en universos paralelos que sólo puedo vislumbrar en ocasiones y que me recuerdan que todo esto que estoy viviendo ahora, toda esta amargura, tenga algún sentido, porque vivirla me permite saber que existe otro lugar donde no necesito avergonzarme de las cobardes decisiones que te tomado. Un lugar donde no tengo la necesidad de preguntarme qué coño es lo que llamamos felicidad. Donde simplemente me puedo limitar a vivirla.

8 Me gusta

Un reseteo de memoria no vendria mal @Chaufferette . Y después volver a nacer libre de primigenias ataduras; porque la memeoria nos ata a un tiempo y es alli donde se produce el sufrimiento. — Aplausos :clap:

1 me gusta

No vendrías mal, no :wink:

Muchas gracias!

1 me gusta

Apreciado amigo: Tu escrito tiene mucha fuerza y su lectura es un placer leerla. Mi felicitación más sincera. Un abrazo.

1 me gusta

Muchas gracias!

1 me gusta

Breve comentario:

Es un texto que duele y deslumbra a la vez. Usa la idea de las “vidas alternas” para diseccionar la culpa, el arrepentimiento y esa sensación de estar desconectado del presente.

El momento del autobús en Alameda Urquijo es el ancla: un instante donde todo pudo quebrarse. Desde ahí, el narrador se desdobla. Se pregunta si murió, si pactó con el diablo, si es espía o si huyó a San Francisco. Todas son formas de decir “¿y si hubiera elegido distinto?”.

No es fantasía escapista. Es un duelo con las decisiones no tomadas. El fantasma no es él: es la vida que no vivió y que se le aparece en cada esquina de la mente.

Crudo, honesto y muy humano.

Hola Edgard,

Muchas gracias por tu comentario, me ha gustado mucho la manera en que analizas lo que he escrito.

Un saludo!

1 me gusta