Lágrimas del anochecer

Lágrimas del anochecer,
de un crepúsculo cantante,
con una voz melancólica,
a los dedos finos de la luna.

Tiembla el alma y el corazón,
el miedo a las bestias le abruma,
las ciudades y los pueblos,
que circundan su posada.

Y escucha la silueta cantar,
para cuando la ve y es dulce,
para cuando la escucha llorar,
un llanto nocturno se avecina.

Una niña es la noche,
una perla es la luna.
Un collar de diamantes el cielo,
cuyo firmamento no resguarda.

Y es lamento en el poniente,
una serena ocasión para intimar,
con aquello que duele y arde,
punzando en la sombra.

Amar para ello, y escuchar su voz.
Lo hace trascender, a todo y volcarlo,
en su silueta.

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