La reina de corazones

Siempre dudarás
de si la culpa la tienes tú
por ser como eres,
o de si eres una exagerada.

Siempre intentarás convencerte
de que te lo inventas
y no porque es lo que dicen los demás,
sino porque es lo que menos duele.

Verás como un rosa fucsia se convierte en negro,
en cuestión de segundos,
porque has mezclado todos los colores
pensando en que ibas a descubrir uno nuevo.
Por egoísta te ha salido negro.

Por querer todos los colores,
todas las miradas
o todas las risas,
ya te lo dijeron:
que no te acostumbraras al trono
porque algún día te echarían a la horca
y no estarías preparada.

Eras la mejor reina,
con tus corazones
y tus risas,
pero al final a la que han gritado
“¡Qué le corten la cabeza!”
es a ti,
que siempre lo has dado todo
y no has recibido nada.

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