La primera vez
No fue un instante: fue una herida lenta
abriéndose en la sombra de mi pecho.
Tu nombre, como viento en la tormenta,
rompió mi soledad contra su lecho.
Te vi —y en tu mirada hubo un abismo
donde mi orgullo, altivo, se perdió;
callé, mas en mi voz gritaba el mismo
fuego oscuro que el alma me encendió.
¿Amor? No sé. Tal vez fue sólo un sueño
con gusto a eternidad y a despedida;
un breve cielo, trágico y pequeño,
que quiso serlo todo… y fue mi vida.
Desde entonces, errante y silenciosa,
llevo tu sombra como cruz y llama:
porque amar, por primera vez, es gozo
que hiere más profundo que la daga.