La dama de negro

La muerte no daba abasto, y las almas de los caídos ya ni siquiera eran juzgadas por la dama de negro. Su guadaña, segaba y segaba sin compasión, reflejando su macilento rostro en el acero de los guerreros que allí se habían citado, para gloria de la Muerte.

3 Me gusta

Excelente!!!

1 me gusta

Muy bueno.

1 me gusta

Muchas gracias por vuestra visita a mi pequeño mundo. Es un placer
Saludos