Hilos de maridaje

El día comienza al caer la tarde. La abuela Lola toma su cesto de tejido, un té de manzanilla y se sienta cerca de la ventana del salón en su sillón preferido. No sin antes, levantar un edredón que ocupa su asiento. Al sorbo de un poquito de té, coloca la taza sobre la mesita y prende la lamparita para ver mejor. La cesta va a parar al suelo, al lado de su pie izquierdo y desde allí, lo que su humanidad todavía le permite agacharse para coger sus utensilios de tejido. Lola es una abuela hogareña y amorosa; toda su vida ha tejido infinidades de prendas para sus amigos y familiares. Ella considera este trabajo con su edredón como algo magistral, ya que este lo lleva tejiendo unos cuantos años. Al abrir su hermosa obra, se divisan cantidad de colores y puntos de tejidos, todos sincronizados de una forma armoniosa y elegante. Se notaba la calidad de artesana del tejido que es Lola. Ese día en particular, ella tejería un pedacito de unos cuantos centímetros como siempre, más agregaría detalles muy distintos hacia con los otros retazos anteriores, ya unidos al edredón. Hoy era el turno de expresar a través de la aguja y el hilo de tejer, el nacimiento de su quinta nieta. ¡Sí! Lola tejía de alguna manera, un edredón de sus experiencias familiares y no solo las de ella, sino la de sus seres queridos.

Era tan grande que sus esquinas se rebosaban sobre cualquier cama. Así, ese edredón demostraba que no era creado para nada, como un adorno o tendría el fin de dar calor a alguien especial. El edredón era un hermoso mural familiar, donde se detallan escenas de su familia y mostraba la gran cantidad de colores fríos, cálidos, oscuros o claros en cada aspecto importante de sus miembros familiares. Un mural con momentos buenos y malos; situaciones alegres o tristes, ya que la abuelita Lola consideraba que todo lo que pasaba en una familia eran momentos de calidad, unión y aprendizaje. Al final del día, Lola casi terminaba el retacito dedicado a su nieta. Todo iba a su paso y a su tiempo. Su satisfacción ante aquella experiencia artística era indescriptible. Su corazón estaba contento y solo pedía poder terminarlo algún día, sin dejar cabos sueltos en el retazo que le tocara comenzar… Lo demás, se daría con la bendición a su labor, a través de las vidas de cada uno de sus descendientes.
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Autora Oneida Pérez - Ofly
Blog Lacitos De Azúcar Poemas De Miel
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Excelente relato, no hay nada más hermoso que las buenas vivencias familiares con la consabida sapiencia de las abuelas con sus innumerables experiencias.
Felices fiestas para ti y los tuyos

Precioso relato de la abuela Lola! Magnífica ella! :heart: :heart:!!