Habitado

Habitado

Exploro la invisible conexión interna
que habita en mi cabeza:
corporal impulso carnívoro
que me interna en un cajón de sastre.

El yo que me arrastra hacia adentro
me habla de deseos,
de sentencias que ordenan tapiar puertas,
de físicas pulsaciones
que ganan sonoridad.

Mis pensamientos sufren el vértigo fracturado
de un insomnio con ojos de impostor.

Me siento parasitado por alguien
a quien no puedo poner nombre.

La soledad me consume en este vaivén
que me arrastra por un léxico subterráneo,
que me vuelve físicamente vulnerable
ante el ser que vive dentro de mí.

Imagen ChatGPT - El tormento en la habitación oscura

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Fernando, magnifico paisaje de la mirada que todo lo abarca.
Un gran saludo.

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Muchísimas gracias por tus palabras.

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El yo interno que habita en nosotros y a veces nos encarcela… y otras nos libera de él.

Buenos y profundos versos de remate…:clap::clap:

Un abrazo, Fernando!

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Excelentes versos para una exploración honesta del desdoblamiento interior.
En ellos se percibe que el deseo, el insomnio y el lenguaje revelan una fragilidad psicológica intensa.

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Al final, escribir es un poco eso: intentar ponerle nombre a ese ser que nos habita para que no nos consuma tanto. ¡Un abrazo fuerte!

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Muchas gracias por tu lectura. Me entusiasma que hayas percibido esos pilares —el deseo, el insomnio y el lenguaje— como las grietas por donde asoma esa fragilidad. Es gratificante encontrar una mirada que profundice tanto en la intención de mis versos. ¡Un abrazo!

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Soledad que te obliga a enfrentar tu propio interior. Me gusta como está concebido. Saludos Fernando

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Melancólico y bello poema Fernando. Puedo sentir esa ansiedad que desespera, como si enterráramos algo que se niega a estar oculto, que se retuerce al ser ocultado.
Un saludo colega. :wave:

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Es curioso cómo a veces escribir sobre la soledad ayuda a habitarla mejor.
Un abrazo.

A veces, ese enfrentamiento con nuestro interior es el espejo más honesto que tenemos. Un saludo afectuoso.

El desdoblamiento del yo: el yo observado que sufre, y el yo observador que lo ve y se identifica. Es la mente impostora y su compulsión a la interminable y agotadora narrativa autodestructiva. Excelente mensaje el poema entero, Saludos

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Exacto. A veces el mayor alivio es entender que no somos la narrativa que nos agota, sino quien la observa. Me encanta cómo has definido esa dualidad; gracias por completar el poema con tu reflexión. Saludos y gracias por estar ahí.

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