Un grito en la distancia, un alarido
de niebla adormecida merodea
la húmeda marejada que azulea
los montes que dormitan, el ceñido
suspiro del torrente ya vencido
al fondo del barranco donde crea
la noche su memoria, que golpea,
con fuerza, los confines del destino.
Se cubre de silencio la arboleda
que vela la estatura que se queda
prendida entre las ramas, el rocío
sagrado de la aurora que nos deja
su límpido perfume, moraleja
oculta y misteriosa del estío.


