Dolor que se conjuga en un alarde
de íntima y recoleta catarata,
ribazo que se inunda con la plata
podrida de la espuma en esta tarde
perfecta donde llora un ave que arde,
dulcísima, en la cima donde data
el tiempo la certeza que desata
la nada dolorosa y la cobarde
ceniza que una lágrima produce.
Tormenta y desconsuelo se introduce
en cántico de pájaros sagrados,
en frágiles libélulas silentes
danzando, soñolientas y dolientes,
entre árboles y gritos derramados.
