Fragmento de un diario - Día 22

Día 22

Ha pasado este día y también el domingo.
En la mañana me di cuenta
de que era Domingo de Ramos.
¡Viejos recuerdos de rezos e iglesias!,
en una juventud que se aleja y ha pasado de largo.
Hoy es una fecha en el calendario
que ha sido recordada por haber visto
unas letras de alguien o un mensaje en el móvil.

Atrás quedaron otras fechas, ya lejanas.
Atrás dejé también muchos sueños,
durmiendo una larga siesta.

Quizás es hora de renovar,
antes de que sea tarde.
Quizás es el tiempo de abrir las ventanas del alma,
de sacudir alfombras y de limpiar rincones.

Que entre la luz,
que pase el sol, cuando salga en el cielo,
que penetre la brisa y que el viento del nordeste
traiga el salitre y el yodo del mar
a estas habitaciones donde vivo.

Hace falta un revulsivo,
quitar esas comas o paréntesis
que la vida va poniendo en nuestros corazones.

Hace falta, como ahora,
no tener la libertad
para valorarla y ver lo necesaria que nos es,
aunque no la usemos todo lo que debiéramos.

Precisamos de las alas invisibles
que nos permitan volar
por los rincones más insospechados del planeta.

Tenemos que poder cerrar los ojos,
cuando nos venga en gana,
y saber que la barca que nos lleva
sigue el rumbo correcto
y que cuando volvamos a abrir los ojos,
estemos en el puerto deseado.

Debemos valorar el latido de la vida,
los suspiros angustiosos que nos manda
cuando ve que nos equivocamos
o que erramos el camino.

Necesitamos imperiosamente
que el cristal de los sueños se recomponga
y nos devuelva la imagen exacta de nuestra alma,
para que sepamos ver, en su imagen,
todo aquello que precisa
y necesita ser mejorado.

…Si algún día despertamos de esta pesadilla,
deberemos pararnos y dar gracias
por todo lo que tenemos
y por poder participar
de estos momentos de dolor y de agonía,
con los otros agridulces de cariño y de esperanza.

Es preciso que busquemos, como hombres,
ese llanto de los niños que escondemos,
que venzamos a los miedos,
que miremos cara a cara al enemigo
y vivamos los segundos de la vida, intensamente,
cada día.


Tarde…

Han pasado ya las horas de la tarde.
Es de noche nuevamente y unas nubes
han venido con su lluvia.
He llegado hasta tu lado con mis letras.
Me detengo y reflexiono sobre ellas.

Al final cierro los ojos y me digo que sí,
que tenían su razón aquellas gentes
que adoraban a los dioses del Olimpo
y escribían los poemas.
Larga lista de esos griegos y romanos
que algún día releeré con atención.

Rafael Sánchez Ortega ©
05/04/20