Flechas

Si pudiera parar las flechas
que el sol dispara,
y torcer con palabras sus designios.

Atado soy esclavo de los átomos
que no se desvían jamás
de algún trazado destino.

Poner delante de una espada
una seda,
esperando que fuera hierro.

Soy ridículo,
pero mi fe ondeante en esa tela
ha parado el frío del acero.

Y ahora espero que algún átomo
pare su viaje de una punta a otra del universo,
y lea mi epitafio en algún momento.

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