Final

Cierro los ojos.

Escucho su nombre

estallar en mil pedazos como un cristal

en descomposición.

Las esquirlas se clavan en mi retina,

más allá del retazo de mi memoria;

cuadro alegórico de una muerte

premeditada.

Dispara, ya estás muerta.

Ya te enterré entre millones de heridas,

árida tierra y gélido polvo

de un cadáver decrépito.

Dispara, ya estoy muerto.

Las lágrimas brotan de las lágrimas

de mi lamento; las nubes negras lloran

estrellas de frágil y lento recuerdo.

Nada somos de lo que fuimos,

porque nada queda en el vacío más que el vacío.

Porque en el vacío nada queda más que la nada.

Un absorto ladrido de perro se ahoga en esta esquina.

Aúlla en el recuerdo de la tierra que nació;

sus huesos, pura carroña,

su cuerpo, en destrucción

avanza en detritívora victoria.

Cierro los ojos.

Dejo de escuchar las palabras de mi mejilla.

La sangre brota por encima de mis párpados.

El fin se acerca, y el resto es poesía.

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Muy bueno tu poema Javier, para escribir poemas no importas las edades, solo el talento y a ti te sobra.
Abrazos

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Muchísimas gracias por tus palabras. Un abrazo

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