Extraños

A un costado de las pupilas,
el mar se descompone en rumor.
En ese vértice impreciso él y yo
nos contemplamos de reojo.

Llega hasta la orilla de la playa y se regresa,
me corteja con su espuma,
golpea las rocas,
convertido en rugido y sal invisible.

En un viaje con las putas
hay muchas horas muertas
fuera de la cama.
Ella se baña de sol boca arriba
y se toma fotografías
entre los maderos fragmentados,
que retienen al mar sobre la arena.

Planeamos viajar hasta la playa
a reencontrarnos y acabamos
como las putas fuera de la cama,
convertidos en extraños,
que no tienen nada que decirse.

Se vuelve boca abajo y me pide
que le ponga bronceador sobre la espalda.
Una mancha oscura de humedad
contiene al mar a su lado,
allí se hunden más fácilmente nuestras huellas,
allí desaparecemos al paso de su lengua invisible
cada vez que la arena lo rechaza.

Vine hasta la sombra de los almendros
a encontrarme con el mar,
pero me da la espalda.
El mar como las putas es traicionero,
aunque parezca lo contrario.

Ella continúa boca abajo,
indiferente como el mar.
Quizás sea mejor de esa manera.

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Grande tu transición entre el mar en su libertad y el sexo anclado al pago de una carne. En realidad ninguna de las dos se entrega a ti, la mar porque es libre y la puta, porque en su alma también lo es. Buenos versos. Saludos.

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@voltereta, que extrema lectura, agradecido!