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Días después de sembrar lo inevitable, muere en este poema
un poeta de enjambre pasado…sin reloj,
nómada de viejo, una sola luz.

Traducida la piel verso a verso, sin instantes amarillos,
entro y salgo del infierno con la enfermedad del tiempo,
disimulo en el averno, apenas… refresca el sol.

Dolor. Trigo que comerán lúganos y pardillos,
dejando algunos puntos suspensivos para después
orar a la lluvia, sin milagros, retornar de la muerte.

Árbol, cada rama toma un aire, me confunde
la leña cuando no arde y la mañana se niebla…
caen algunos copos negros con peso para el perdón.

Firmo el silencio de las despedidas y no ser nada,
hora imperceptible que hace libre a mis sepulcros.
Las siete y cincuenta…no escucho ruido.

Vuelve, sangra y escribe, alimentando tormentas,
huracanes de mil ojos, veredas, infinitos elegidos.
Mata el hombre al poeta por necesidad…este último verso.

Pedro…de momento. Enero de 2024.

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Buen poema, Pedro sobre la dualidad que hay en nosotros hombre/poeta. me gusta. Saludo cordial y buen día

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Gracias, José Manuel…

Abrazo

El poeta es consciente de los disturbios de la vida y se deja llevar por la naturaleza para vivir de manera más amable, aunque es consciente de que vivir duele por dentro. Buen poema, amigo. Saludos

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Hermoso poema, Pedro!! Así es… quieres expresar todo aquello que te sugiere el pensamiento y el sentimiento…pero se hace necesario un equilibrio: contemplar y disfrutar de la vida… :sunny: :sunny:
Muy buenos versos, amigo.
Un saludo

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Cierto. Sin embargo mis dudas cada vez son mas frecuentes…debe ser la puñetera edad de hombre, porque de poeta llevo siglos.

Saludos