Estrella vega

Gota a gota el corazón se atiza
En la dulce savia que germina el alma

Gota a gota el corazón se hastía
De la amarga gota que supura el alma.

El viento avanza silencioso, la soledad se hace grande y el vacío ensancha. No oigo el aletear de los luceros, ni siento el frío incandescente de la noche.

Calla la melodía sonora del aura celestial, y llega a mí, el latir inquieto del corazón y desasosiego del intelecto ¿Qué hay más allá del fulgor de las estrellas? ¿Del último aliento? ¿Del fuego incandescente del alma humana?

Habitada por un mar de incertidumbre, deambulo entre abrojos y aleluyas.

¡No toques el nicho sacro de mi memoria, el dolor cuya herida aquieta y la lagrima seca!

¡Mundo iracundo, sacúdete del velo que cercena su garganta!

¿Es el silencio acaso silencio?

No hay silencio en la noche silente. Un murmullo de lamentos recorren las gargantas y fervientes rosarios escapan de los labios sellados. El alma gime, el espíritu implora y el cuerpo sueña.

¿Es el amor, acaso amor?

No es amor lo que anida en ciertos corazones. No es amor lo que sacude al mundo, es el ansia infinita y destructiva del egoísta, del odio y la circunspecta maldad. ¡Oprobio en cuya génesis florece!

¿¡Y el porqué de éste fatal capullo, pudiendo palpar el dulce néctar en el mar refulgente de las estrellas!?

Estrella Vega
Fuego ardiente
Luna de julio
Alma penitente

Sella mi frente
Sacude inclemente
Mi alma herida
Ansia latente.

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