Entre naranjos y limoneros
un señorito andaluz
a lomos de su caballo
galopaba
aparentando ser un caballero.
Traje cordobés y zapatos abotinados
sombrero negro de fieltro,
pecho erguido
porte altivo;
señorito muy refinado.
Recorría sus fincas interminables
atravesaba sus colinas y senderos
y bebía agua de su río
teñido con la sangre
de los pobres jornaleros.
Bajo la sombra de un frondoso limonero
dormía tranquilo su siesta
mientras el sudor de los trabajadores
regaba la tierra reseca.
Orgulloso de sí mismo, se alababa
pensando que todo era suyo;
allá en los campos, se afanaban
hombres rudos
tragándose su orgullo.
“En la Vera de un Desierto” (F.J.Alonso/A.Molina)
Esta también es nuestra tierra! Afortunadamente van quedando menos de esos “especímenes”. Me pareció muy bueno tu poema, creo que ya es hora de eliminar para siempre ese tópico del “señoritismo andaluz”. Ya no es lo que era, no tiene mucha razón de ser.
Un abrazo, Águeda!
Gracias por tu comentario, y sí, ojalá pudiéramos eliminar para siempre ese tópico; pero desgraciadamente, aún existen “señoritos” encubiertos, ya no van a caballo ni con sombrero cordobés, ahora son grupúsculos en, sobre todo en los pueblos pequeños, cerrados donde se lo guisan y se lo comen todo entre ellos y menosprecian a quienes no pertenecen a ellos.