¿Dónde quedaron los amores sin prolegómenos,
cual mágica sílfide que surca la brisa?
Quedaron para los conformes de espíritu
y de leve menester de maravilla.
Yo no.
Quiero esta pasión nuestra; cimitarra de acero damasquino
que masacra las huestes de tu vida.
Quiero esta pasión nuestra,
como colibrí que liba de un cuentagotas.
Quiero esta pasión nuestra en el sexo
de las afirmaciones y negaciones,
donde nace el oxímoron que me da la vida.
Es perfección la distancia tuya y mía,
-geohélica, casualmente-
que no marchita
ni abrasa
esta pasión nuestra.
Lleonart H.