Esquirlas de frío

Cuando la sagaz mano del mal
hizo mella en mi malla de hierro,
una esquirla quedó en el costado
que aún duele si en ella pienso.

Noto entonces el punzón del frío
que llega al alma, y temor se llama,
y ansiedad, y esas ya no me dejan
por tu mano clavada en mis entrañas.

Y ahora, vivo, para mi desgracia
y el frío, inexplicable a veces,
me llama bajo el cielo limpio y azul.

Por lo que haces tú, pago yo,
y me recorre el frío
metido entre las llagas.

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