Me gusta escuchar la música sin igual de una noche lluviosa y al amanecer pasear y sentir el olor de la tierra mojada en donde hundo mi pisar. Me revive el aire fresco matutino y ver como las gotas de rocío se desprenden, una a una, de troncos, hojas y plantas. Cada gota, en su caída, produce un sonido distinto, todo es cuestión de saber escuchar, percibir y sentir. Yo amo estas madrugadas en las que, después de la lluvia, escojo la solitaria senda que lleva a un lugar donde se juntan las místicas almas que en la vida sueñan.
Este texto celebra los sentidos despiertos. La lluvia no termina cuando escampa: sigue en el olor a tierra, en el aire que revive, en el rocío que cae gota a gota con su propio sonido.
Lo clave está en esa frase: “todo es cuestión de saber escuchar, percibir y sentir”. No describe la madrugada, la habita. Escoge la senda solitaria no por tristeza, sino porque ahí se juntan las “místicas almas que en la vida sueñan”.
Es un poema que camina descalzo. El acto de hundir el pie en la tierra mojada es también un acto de memoria y pertenencia.
Querido Edgart: Eres maestro en poesía y un buen psicólogo. Un abrazo.
Nada mejor que caminar despues del fresco rastro de la lluvia. Un gusto leerte. Saludos cordiales. ![]()
Muchas gracias Sinmi por leerme. Un beso.