Ya no llega a tiempo al miedo,
a pesar de la costumbre
de la luz de los sonidos
del abatir de las alas
de crisálidas inertes.
El viento suave lo envuelve,
trinan los aires sombríos,
es una sombra apagada
el misterio de un suspiro.
La vergüenza llega tarde
como llega lo importante
a deshora, disoluto,
absorto y debilitado.
Ha expirado la culpa,
ha prescrito la inocencia,
no hay temor,
decrépita la clemencia.
No hay ni perdones ni olvidos
la verdad ya no es mentira,
la memoria está abatida
y se ha declarado en huelga.
Ha firmado un contrato temporal
con los restos de su suerte
sabedora de quien sabe
que es finible su existencia.