Me amparo en guarniciones de sílabas y aleluyas.
Descuelgo el alma, en mi mejilla de arroz,
y un candelabro derrama mi existencia
en un sonido puro…
Libro entreabierto,
como una tumba de cedros.
De allí provengo…
El ángel de mi sombra es ávido de polen
en mi ausencia.
Su placenta es un árbol.
Atrapa libélulas imaginarias,
para hacerse sonido de lluvia
antes que regrese a su mirada.
Huir, es un pájaro blanco en mis vértebras.
Perderme, es un libro que siega letras de mis pulmones.
(Descosí el sonido de mi sangre en una orquídea)
Tuve un pretérito silencio y un palo santo quemando
la fatiga de mis números; y en el fruto amarillo de un arpegio recordé:
Mi madre duerme en la imaginación de un ave…
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