Casi nunca compro limones
pues salen de limoneros
de la casa de la aldea
frescos, olorosos, caseros,
¡azahar todo lo impregnas!
Llegó la vida en Madrid
¡Y aun así!
cada vez que volvíamos
llenábamos la nevera
de limones auténticos, enormes,
amarillos, ricos, uniformes.
Apenas quedan limoneros,
se han quedado en el camino
pues se pusieron enfermos
de algún tipo de virus.
Pero los que aún perviven
nos siguen dando sus frutos
para salsas y aliños
para cítricos zumos.
Es tarea siempre que vamos
subirse a una escalera
a coger limones
directamente del árbol.
Qué nostalgia de rutinas
que hacemos cuando allí estamos
en la aldea con la familia
todos Juntos, disfrutando