Rueda cual gato hambriento
sobre las alcantarillas
y bajo los andamios,
tratando de abrir puertas
y se va despidiendo.
Pernocta en equipajes,
anida en las carteras,
en las manos calientes
y en los escaparates.
Colecciona plegarias,
miradas que no vuelven,
tal vez, avemarías
en grandes catedrales.
¡Que no interrumpa nadie,
mientras se va alejando
la infausta melodía!
¿Qué guarda el año nuevo
dentro de los bolsillos?
Tal vez, flores silvestres,
una almendra que trae
pedacitos de enero,
o alguna dalia blanca
que se levanta erguida
encima de la tarde.

