En el labio de la tarde

Entre Hone Creek y Comadre
seres de agua celebran un brindis
que sabe a música
oculta en el labio de la tarde.
Alguna vez litoral abajo
dos cuerpos olorosos a verano
se envolvieron el uno con el otro,
ajenos al retumbo del mar en la distancia.
Ahora todo se anida entre la arena,
y se disuelve con la espuma.
Un silencio cómplice oscurece la memoria.
En Penshurt entre bananales y cacaoteros
el mar extiende su techo
y construye un infinito sobre el cielo.
Desde sus ojos de noche ancestral
un negro mira pasar nuestras almas,
“wattas coming”,
susurra desde la terraza de su casa lacustre,
sabe que el tiempo fue hecho prisionero
que la lluvia inunda Tuba Creek.
El ave sabe que el agua siempre regresa,
por eso el horizonte se refugia en sus alas.
Todo parece hermoso,
la selva declara su inocencia,
pero eso no la exime de su aliento despiadado.
Entre Hone Creek y Comadre
persiste una memoria,
todo es recomenzar con la carne más vieja,
desde esta otra piel,
que tampoco volverá.
A lo lejos nuevamente un retumbo lo confirma.

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Una maravilla de poema-aventura, de paisajes-recuerdos.
Intuyo que hablas de Costa Rica.
Qué bien trazado este recorrido a lo largo de los versos, Ishmael.
Me quedo aquí… :clap::clap::clap:

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Intuyes bien, estimada @wallacegere, agradezco tus siempre efusivos comentarios a tus lecturas. Un abrazo.

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