El último hombre del mundo

Si el último hombre fuera yo del mundo,
¿no podría, yo solo, ser tu amor?

Tal vez muy duro o demasiado blando,
tal vez servil, salvaje o desgraciado,
no sé que soy si a ti te lo pregunto.
Y nada soy, allá en tu corazón…

Si el último hombre fuera yo del mundo,
¿no podría, yo solo, ser tu amor?

Cariñoso… también maleducado…
Es tu ciudad al Este un trago amargo
demasiado civil… ¿y cuál el yugo,
si no es el yugo un yugo de pasión?

Si el último hombre fuera yo del mundo,
¿no podría, yo solo, ser tu amor?

¡Oh, en mi ciudad gritamos y lloramos
entre el barro y el humo del cigarro…!
En mi ciudad no miente ser ninguno,
y hasta cuando mentimos hay razón.

Si el último hombre fuera yo del mundo,
¿no podría, yo solo, ser tu amor?

Sangre tengo en la ropa y el sombrero,
el día, el mes, y el año no recuerdo.
No me ayudas, mujer, ni yo te ayudo…
ni quiere el alma un diablo salvador.

Si el último hombre fuera yo del mundo,
¿no podría, yo solo, ser tu amor?

Este camino sigue y nunca para…
tú no querías ser quien me cambiara.
Siempre roto, cansado y el segundo;
no he de cambiar, mujer… Soy lo que soy.

Si el último hombre fuera yo del mundo,
¿no podría, yo solo, ser tu amor?

Aún me embriago a veces del recuerdo
de tu cara, del pecho, el tierno gesto…
Recuerdo aquella voz… y me pregunto
¿qué nada soy allá en tu corazón?

Si el último hombre fuera yo del mundo,
¿no podría, yo solo, ser tu amor?

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