Volviendo nuestra mirada al pasado,
nunca vimos al iniciar el viaje
cuál habría de ser nuestro legado
Un innoble expolio fue el homenaje
rendido a una madre tan generosa,
la obra cumbre del humano linaje
Mas hoy llega a término nuestra empresa;
de aquel fértil valle ¿Qué es lo que queda?
un mar ya lo cubre y un sol lo abrasa
sólo una pizca aún flota, agotada.
Desandar lo andado ya no podemos
no nos queda ninguna coartada
Así que, por última vez, libemos
el dulce néctar de la extinta cepa
-otra riqueza que también perdimos-
¡Brindemos!, apuremos esta copa
celebremos el inicio de una era
que el final de los hombres anticipa
Libremos del yugo a la pobre tierra,
dejémosla respirar aliviada;
y sea el ofrendarnos en el ara
el recibo de la deuda pagada.
Es difícil sacar la cuenta en estas instancias, no obstante:
«Prepárense ciudadanos, se acabó lo que se daba,
a darse el último trago. No se me pueden quejar,
el “show” fue bueno y barato; ante el dolor el buen
humor es esencial, saca a tu pareja y ponte a bailar
la canción del final del mundo.»¹
El texto que citas de Rubén Blades refleja a la perfección el ambiente de “fin de fiesta” que intenté expresar en mi poema. La inspiración me vino de la lectura del último libro de Ian McEwan “Lo que podemos saber” (Ed. Anagrama, Barcelona, 2026). Muchas gracias por tu lectura y comentario.