El último abrazo

Siendo las 2:22 horas, bajo la misma noche,
acarrea unas ganas por recrear el último abrazo septembrino.
Es que afuera llueve poco y los coches patinan
y los búhos ululan tu nombre y el locutor coloca esa canción.
¡Quizá esté contando ovejas para dormir,
en vez de computar la lluvia!

Se cerraron las alas como un paraguas.
Las mejillas constreñían las encías.
Las mandíbulas posaban sobre los hombros.
Se sentía las manos frías en la espalda,
y ese cálido aliento en las orejas.
El tamaño era el mismo; las medidas, distintas.
Los sentidos grababan el abrazo en la memoria.
Las fibras de los jeans manoseaban la esencia.

Abrazos en buena lid, con la ropa vieja manchada de café.
Abrazos, neutrales y libidinosos.
Se despegaron los clavos de olor de las manos crucificadas.
Las estalagmitas y estalactitas se palpaban después de tantos años.
Los botones de los claveles se desabrocharon.
Las plantas carnívoras se tornaron vegetarianas.
Los besos no emitían corriente.
La sordina en el corazón no disminuía latidos.
Los puentes basculantes facilitaron el paso
de la embarcación repleta de souvenirs.
Aquel miércoles, donde las cenizas ahumaban por última vez.

Era inminente la fragmentación de la coraza,
de la comunicación y los viaductos.
Un abrazo jurásico, fantástico y silente;
falseteado, falsificado y desentonado.
Rol del zaguero, fracturando esquemas.
Abrazos entre cactus con espinas internas:
menos mal que no desarrollaron escalofríos.
Abrazos saldando apretones adeudados:
menos mal que había suficiente oro.

La domancia de las semillas había culminado,
y la suerte no dependía del azahar.
Abrazos hibernados; válidos para Navidad,
Año Nuevo y cumpleaños.
Abrazos con ánimos de repetición, en sueños,
para escudarse cuando el miedo apronte
y la incertidumbre aborde el tema.
Abrazos que rompen cartílagos y cartas,
cuya subsanación entre otros brazos no es probable.

Hiedras empuñando los recuerdos contra la pared.
Abrazos sujetando el ultimátum.
Abrazo inolvidable, inexorable e inoxidable.
Abrazo cerrado por motivos de llovizna,
por escasez de vino y de quien contravino.
Abrazos inhalando inciensos de anhídrido carbónico.
Almas abrazadas en el infinito;
cuerpos abrasados durante invierno.

“Si tuvieran conocimiento de ese último abrazo,
hubieran lanzado por la escalera lo que restaba de tiempo”.

8 de octubre de 2018

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Y esta parte me atravesó con todo. Muy lindo.

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Muchas gracias, saludos poeta.