El sinsonte

El sinsonte que crece en el jardín
despluma las alas del ave que se cría
en las eternas ramas de los bosques.

Con las vastas voces de su divino cenzontle
los inunda de aterradores gritos para ahuyentarlos
mientras se ríe en una llameante jactancia.

Vuela y desprende nidos
entre árboles de elegantes ramas
con hojas suntuosamente cortadas
para sentirse parte de alta gama.

En sus casas infinitas
le dedica orquestas silvestres
al recién nacido astro venidero;
pero para asegurar el éxito de su rito
a los oídos de su candente oyente,
levanta su vuelo al son de su coro
y se acerca a los oídos de este.

Sus alas cruzan bellos ríos,
colinas de ojos verdes,
arbustos con melenas de esmeraldas
y el océano de la hierba verdemar
que cubre el cuero cabelludo de la tierra
para hidratarlos con los rocíos de sus cantos.

Tras su andanza, vuelve al hogar
dejando atrás el mundo que lo persigue
y dedicándole la última de sus voces
a un lucero que se desvanece
entre las grandes cumbres de las verdes montañas.

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Eligió un pájaro valiente, atrevido, capaz de unirse para defenderse y es el concepto que me ha llegado a través de estos magníficos versos y poema…no es un ave recurrente en Europa y así nos va. En España particularmente, solo medran los buitres.

Saludos.

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