El poema muy largo (Psicoanálisis: el lento sueño de la infancia, vergüenza)

[…]
Yo voy con mi madre,
en una mañana luminosa.
Bajo por cuesta de San Julián,
hacia la Gran Vía.
Pudo ser el mismo día,
pudieron ser dos distintos:
en uno vamos a manifestarnos
a favor de Franco;
en otro le digo a mi madre,
falsamente, para caer en gracia,
para hacerle la pelota,
que yo voy a ser siempre tradicionalista
(soy repipi),
mi madre me sonríe complacida…


En un orinal, Mercedes y yo hacemos caca,
en la terraza,
delante del cubículo donde está el servicio,
mi hermana me aclara que no es el culo donde está la vergüenza,
sino que lo que hay por delante,
por donde se mea,
lo que nos hace diferentes a los niños y a las niñas…
En aquel cuarto, en medio del pasillo verde,
que decir que mi madre usa de vestidor sería un sarcasmo,
apila en un rincón sus zapatos de tacón,
que yo me calzo,
con miedo de que me descubran,
por si se los rompo:
me falta pie,
me sobra calzado;
no recuerdo bien, si me descubre…
Por una vez,
mi hermano y yo somos aliados,
contra Mercedes,
ella está enfadada,
me escondo tras la puerta de la cocina,
que daba a aquella sala tan extraña,
que también salía hacia aquella terraza,
que daba a un patio oscuro y cuadrado,
con una residencia enfrente,
de “milicias universitarias”,
me decían,
donde por una ventana,
alguna tarde vi a un joven estudiando
sentado a una mesa,
en una habitación,
y una luz,
que no se parecen a ninguna de las de mi casa,
dos veces me escondo, creo,
y ella golpea la segunda con fuerza contra mi cuerpo;
pero como con desconcierto, con desconsuelo,
como si no entendiera por qué, sobre todo Jesús, mi hermano,
se muestra cruel con ella…
Y quedan más: surgen más recuerdos:
¿nimios?
(Hay mucha gente, los tíos y otras visitas,
los hombres por el balcón, con mono,
están instalando la televisión,
es un recuerdo muy nítido,
me lo invento…
Mi hermana mayor,
Mari Tere, en fila con amigas,
una pequeñita,
¿quieren sacarme a pasear?,
ahora todo es confuso…

Si los escribiera todos,
no acabarían, ¿no acabarían?)


[…]

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Los laberintos de la memoria “y sus trampas”, que diría Gabo. Un poema que invita -e incita- a tenderse sobre la nostalgia y adormecerse por su vaivén… Me ha gustado bastante, José Luis. Unos versos que dan para mucho. Gracias por compartirlo.