El poema muy largo (Psicoanálisis: el lento sueño de la infancia 1)

[…] Mis primeros recuerdos, virados a sepia,
son fotografía en blanco y negro,
colores verde, rosa y ocre desvaídos, de colamina lechosa
(el verde pálido de un pasillo laberíntico destartalado,
el rosa destemplado de una habitación de juegos horadada,
el ocre amarillento de la sala para todo en la casa del pueblo),
una borrosa confusión;
pero si fijo cada instante, toma luz,
pero no brillo,
confesiones más bien dolorosas por humillantes e insinceras.

(Retener esos instantes,
fijarlos en el verso,
sentir el vértigo,
sobreponerse a la vergüenza,
guardar silencio…)

Mi vida es mi recuerdo,
¿y mi recuerdo vale tanto como el diván supuesto en que recuerdo?
¿yace en esos desoladores instantes,
reales o fingidos o inventados,
alguna redención de alguna oscura mancha?

No es lo que pretendo,
no renaceré nuevo, impoluto, sin pecado.
(no es falta de fe -ni en la ciencia, ni en el credo-; ni soberbia, ni desengaño,…
ni falta de humilde caridad: yo no sé nada).
¿Vale tanto mi vida?
No es lo que pretendo: lo repito.
Son los sentimientos, los pensamientos, lo que importa.
¿Valen tanto?
¿No era y son acaso mis pensamientos y mis sentimientos, mi vida:
la pasada, y la presente y la futura? […]

3 Me gusta