El poema al otro lado
es un círculo, un espejo,
un sueño que despierta
en otro sueño; un dibujo
de Escher imposible, desierto
sin oasis ni espejismos, agujero
negro de materia sin salida.
El poema al otro lado
es tu cerebro desalmado;
un jarrón convexo
con el agua dislocada.
Simple núcleo acelular,
sin cilios ni flagelos.
El poema al otro lado
carece de pronombres
y adjetivos, no tiene tinta
ni teclado. Titulado antes
de crear el universo,
un séptimo día sin semana,
las torres de Babel aún eran tierra.
El poema al otro lado
no suma hoja al calendario;
no habla al resplandor
ni a las tinieblas, llena
de no verbos su mirada
sin fuelle ni resuello.
No busques un poema al otro lado:
el aroma de las flores vibra
libre con la vida.