Pesa el vacío,
la trama de la espera.
El rumor inaudible de esos pasos
que mutan de silueta.
El momento más inoportuno
es llegar al destino sin la mano biselada,
en el caminar de los palmos,
el refugio que no ha sido.
La silueta es frágil
extendida en el pensar
dúctil
sin embargo,
como tormento asequible
en el turbión vital.
Hay un monte estante
donde mueren los dioses.
Cementerio de sueños mortuorios,
Escenario de voluntades rotas,
Quebrantamiento de pasiones,
teñidas de la sangre
De los mil poetas,
ahora extintos.