El perseguidor

Corro, huyendo de una selva intangible
que a mis pisadas rastrea en constante camino
para lograr hundirme con sus dientes afilados
y enrollarme con sus lianas inquietas y azarosas.

Miro hacia atrás un instante
y ese instante me atraganta;
me sostengo de los brazos de un árbol anciano
que con sus desgastadas ramas me dice:
—Seguirás avanzando aunque la selva te consuma;
esta también huye de alguien que la persigue.

Gritos paralelos se escuchan a mis espaldas,
donde la selva avanza con su enorme furor.
La voz del árbol sabio vuelve a izarse con fulgor:
—Tú también, oh fugitivo, persigues a alguien:
ese alguien es intangible, invisible e indescifrable,
y aunque no corras, aunque la selva te trague,
las lianas de su tropical arbolada
seguirán persiguiéndolo; pero esta vez contigo dentro.

El árbol culto, por última acción, con sus hojas secas,
hace un ligero llamado al viento pasajero
y este enseguida responde: una ráfaga es enviada
y me empuja con sus robustas manos,
provocando el reinicio de mi huida.

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Aquí publico uno de los poemas que estaré incluyendo en un poemario que he estado haciendo desde hace unos meses. Gracias por leer, me anima mucho a seguir. :upside_down_face:

Una certeza ineludible, por más que neguemos guerra en el alma, siempre nos faltan.

Es un placer leerle.

Saludos

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:clap: :clap: :clap: :heart:

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