Hay en el monte un olivo
que plantaron en un atardecer,
tiene más de cien años y
es muy digno de ver.
El tronco tiene agrietado y
parte de él está seco,
tiene heridas de un pasado
que las guarda en silencio.
Ya no sangran sus heridas
cicatrizadas están,
el tiempo lo cura todo
pero queda la señal.
Hay pájaros en sus ramas
que le cantan por doquier,
él les mira con cariño
pero no puede responder.
Sus raíces son profundas y
hundidas en la tierra están
no permitiendo que los vientos
se lo pueda llevar.
Yo le abrazo,
yo lo aprieto,
con todo mi corazón,
él callado como siempre
sabe inspirar amor.