El niño

Soy el niño que alberga el universo
en la quieta sonrisa de la tarde
que desvela el secreto de ese alarde,
mágico y misterioso, de este verso.

Como aquellos juguetes; su reverso
buscado en esa niebla, donde aún arde,
la tibia maquinaria que retarde
la llegada del tiempo tan perverso.

¿De dónde viene el llanto, tan lejano?
Quizá de algún resorte del mecano,
de la cuerda tensada de aquel arco…

Ya el niño se ha marchado; ya no existe.
Solo queda el propósito, tan triste,
de guardar esa imagen en su marco.

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Certero y exquisito tu soneto Pedro. Buenos días y un abrazo

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Muchas gracias. Me alegro que te guste. Saludos.