Líbreme Dios de morir sin gracia,
no la celestial,
sino esa que hace decir y hacer lo exacto
en el momento exacto,
la que mide lo justo sin ser medida.
Porque el hombre es un mono con miras
que pretende que el disfraz que usa
le dignifica.
Y lo digno es la gracia,
Dios me libre de perderla,
no la divina,
sino la digna.