El ardor del pescador (cuento)

 ¿El hilo del relato?: ¡no sé donde quedó!
Tan sólo yo escuchaba, un cuento que la dama,
sin más me platicó:
                  Un viejo pescador
andaba por la playa… miraba que el «ardor»
lo grande ya buscaba, y entonces escuchó
la voz que preguntaba:
                  −Del vaso colmo en agua,
¿la mar podré sacar?
                  −Que ingenua tu pregunta,
es fácil contestar; mas oye, ¡para oreja:
la mar ya va a cantar!:

                  El vaso nunca es nulo:
nos mide igual compás; a pura bocanada
con él me has de vaciar.

                  »¿Que piensas al respecto:
así será lo grande?
                  Miradas hacia el cielo…
ya parda era la tarde… y «ardor» le dijo al viejo,
feliz entre su alarde:
                  −Defecto hay en la imagen
que acabo de tomar; mas tengo ya una nueva,
lo grande va a ilustrar:
                  »¿Si arranco tres luceros
el cielo ha de llorar?
                  −La imagen ya mejora;
¡mas ellos faltarán!
                  −¿Contando por docenas
el cielo medirás?
                  −Ni aun con una regla,
ni aun con un compás; mas cielo tiene cuenta,
por propio natural.
                  Perdido en su mirada…
el viejo pescador, seguro meditaba…
y luego dijo así:
                  −¡Oh gran naturaleza,
tú todo lo limitas, y expones tu belleza
bastante bien finita… sin ser cuantitativa
provocas la medida!.. si el cosmos es finito,
por mucho siempre nulo, y aquel que me lo niegue
se goza con el bulo.
                  −Enorme es el espacio,
sostiene mil estrellas… ¿encuentras un vacío
que acaso el nunca llena?
                  Fulgor en sus pupilas…
el viejo se enfadaba:
                  −¡No digas tonterías!;
¿no escuchas mi llamada? ¡Hay muchos que se glorian
palpando su condena!: “Afán de zanahoria,
del asno da faena”:
                  »Supremo continente,
un ser tan imponente, ¿no llama la atención?
Hablando con rigor mantiene medidor…
y aquello que se mide no puede ser muy grande,
pues todo lo que formes −aun entre tu mente−,
por rico exuberante, resulta insuficiente.

 Y en esta tesitura cual linda travesura,
los labios de esa joven por dentro me cantaban:
Comprende su alegato la imagen nunca es cierta:
¿acaso el gran Pilato recibe una respuesta?

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Fue s. Agustín el que intentaba llenar un pozo con toda el agua del mar.
Siempre medir, y el metro está trucado. Queda el infinito.
Precioso

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Hola @Checha, muchas por pasar
Saludos cordiales.

Original e interesante forma de contar un cuento. Un gusto leerte.

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Gracias por pasar @luciagomez1956. Los versos son alejandrinos, los había puesto en clásico, pero los pasé a libre porque ‘los rimé a mi ritmo’, unas veces asonante y otras consonante.
Saludos cordiales.

Me gustó todo el cuento! es una maravilla con filosofía y todo. Precioso. Besitos.

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Gracias por tu visita @Kumdeamor.
Un abrazo.

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