El acento tildado
cuando le da fuerza a la vocal debilada (léase: i y u)
ésta, como que se embría
en una masculinización propia de machorras
independizándose de la vocal dominante (la a, la e y la o)
en una especie de soltería silabada
para sí misma
destruyendo así
el antiguo matrimonio diptónguico.
Esto sucede en palabras como
en “Raúl” y “María”
que de otro modo —sin tilde—
habría que pronunciarlas allanadas
engravecidas
con la incomodidad pronuncial que ello implica.
¡Ah…! ¡La tilde!
Ese copete de fuerza
para las vocales
que, en un principio natural
no la tienen.-
Chane García.
@ ChaneGarcia.
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