Duelo que no termina

Elaboré en mi mente
las líneas de su rostro,
su voz que no puedo olvidar,
sus nítidos rasgos,
radiqué en mi interior
la carne y el espíritu.
Con sigilo miro la cara
de mi tormento,
viene a mí juicio
de manera limpia
el cómo cruzar juntos
el camino hacia el duelo.
Su cuerpo aún intacto,
¡Ay, su sonrisa reservada!
¡Ay sus palabras!,
solamente sé que
para no morir necesito
verla de nuevo.
Bajo la sombra de la noche
rostros hostiles
de formas grotescas,
bocas terribles de dientes
filudos me devoran;
que alguien me explique
quiénes son esos
demonios que me rodean
y esos pavores significando
mis perturbaciones.
En la mañana recogeré
sus cenizas con pasión y
sé que de nuevo
tomarán su forma.

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