De sueño en sueño,
evadiendo la realidad,
como un velero
sin rumbo ni compás.
¿Y qué pasará
cuando me dé cuenta
de que no se puede vivir
evadiendo lo tangible,
bebiendo néctar de verso
y de luz alimentándome?
Me daré de lleno con el mundo,
con su crueldad, su tormento,
y su eterno sufrimiento.
Perderé las alas
que tanto me había esforzado en conservar.
Esas alas de la infancia
de inocencia e ingenuidad.