Colgado en la pared de la ladera
un cementerio blanco se deja ver
en la lejanía monótona.
Retirado y silente enseña
algunos nichos donde reposan
nombres que la memoria solícita recuerda
en inscripciones de piedra.
Su soledad barrida por el viento
acompaña la soledad de quienes
se sintieron ser y fueron causa.
La tarde escancia un último rayo de sol
sobre sus blanquecinas tapias
como quien interpreta derrotado
un solo de trompeta.