Discordias y caos

Me reservo la emoción de estar contigo en otro plano,
deshonrado al hacerme el dios sobre estos cráteres
que dicta mi figura, deshonrado al molestarme
ya sin cura que me sacie de todo lo que es algo
bajo esta espiral, un sueño amplio a descifrar
cuando los astros se den al caso de esta vorágine.
Lo que es sagrado es mi mismo mal; vuelo
ajeno a ese anhelo de inmortalidad
cuando lo disfrazo en mis frases incapaz ya de más,
y puede que incluso me llegue a incordiar
la voz espontánea que arrastra a su paso
discordias y caos: nunca tanto mi plan
fue celebrarme lo más. Un olvido o engaño
me lleva hasta tal. Uso un digno sedante
para estar bien postrado, en mi cima delante
de lo que puedan pensar qué es que hago
si es que den por ver de mí degollado
por inflarme a esnifar tanto rayas…
No es mi hado y llegaría a hartarme,
no la hallaría más necesaria,
si de donde la haya me la traen,
porque soy del clan a diario y arden
si daño alguno me hace, sabrán.
Las palabras que cargo son un fardo fatal.
Ya sufro el embargo de mi alma a las tantas
pasado ya de largas fingiendo cambiar
de postura a la estatua de mi anormalidad.
Peligros se salta la lengua borracha de más
de eso que cae de los astros
en las tardes soleadas
como esa en que estás.
Que nada te evada la vuelve espectral.
Nunca menguan tus alas de querer desplegarse.
Abandonarás lo de atrás,
o la promesa del tiempo también será para errar
en tu contra las letras que del antro recaen.
Es tu realeza debajo del agua insana del mar
si no vas cabizbajo bizqueando al mirar
de ese lado un retablo real
de lo que hablo cuando me pongo pesado
y ni así el diablo me sale
a entregarse, qué va. Metales, papeles
sus secuaces me dan que no sirven para nada
para mí ya a esta edad. Lo más pronto
el desastre de mi alma entre manos se traen.

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