Dios

en el principio dios tenía caderas anchas
y lágrimas pintadas de noche.
yo era un zarcillo y él un látigo.
si él muriera
me arrojaría a su tumba.
algún día sólo me dió risa

después brilló como leche y sus pasos temblaban.
prefería pantalones ajustados
cremas en el cuerpo y sudaba en exceso.
no proveía, se refugiaba en mis murallas
prometió apretar su mano en mi muñeca
hasta que se desgastó su músculo

cuando el polen se propagó
se hizo invisible y gigante
hizo un hueco en mi cabeza
disfrutaba mis pasos rectos
pedía mucho dinero
me recordaba que yo era un abortivo
y que gracias a él seguía con vida
prometió cuidados y riquezas.
sólo promesas.
tenía unos libros empolvados que leía por regla.
la voz de los libros me guíaron
caminé solo, sin respuesta.

hoy lo encontré en una cueva, hecho carne.
repudiado por su gran boca.
no exige nada.
camina con unos libros viejos bajo el brazo.
libros inconclusos.
espero su próximo discurso
su próxima metamorfosis.
algo que rompa el trayecto

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Me ha gustado, porque la forma que tienes de escribir, me agrada…pero debo metabolizarlo verso a verso. Un poema para reflexionar.

Saludos

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